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El 21 de Septiembre fui al teatro Providencia a ver nuevamente La Negra Ester.Al llegar con 20 minutos de anticipación del comienzo de la obra, ya el teatro se encontraba lleno, (no hablaré acá del local, que me parece podría estar en mejores condiciones).

Sorprende a cualquiera este fenómeno del teatro chileno, que después de tantos años de su primera puesta en escena siga conservando un publico tan fiel y cautivo.

Ahora bien, a pesar del cambio de actores a lo largo del tiempo María Izquierdo, Boris Quercia por solo nombrar un par, la obra sigue manteniendo la misma frescura, espontaneidad y comunicación con el público como siempre. Esto sin discusión corresponde al talento de uno de los directores más lucidos y de mayor compromiso con su quehacer. Cuando un oscuro burócrata dice “Si Pérez fuera un buen empresario tendría por lo menos tres teatros” Y la respuesta la obtenemos del propio Pérez cuando responde “Yo no quiero ser empresario solo quiero ser un artista dedicado a la creación” (Programa Radial Plaza de Almas).

Un antecedente más que generoso, para incluso evaluar el trabajo, que el gobierno realiza en la cultura.

En fin, dejando de lados los devaneos y volviendo a la Negra Ester creo que nadie pone en duda que además del logro como pieza teatral indiscutible, existen elementos que permiten una identificación del público con la historia, el relato y los personajes.

Roberto Parra, el tío Roberto mostró en poesía popular una historia vivida, y muestra en forma clara como somos y hemos sido los chilenos, y como vamos construyendo nuestra propia historia. ¿Acaso no es, esa libertad de conocer y aceptar el lado humano en la vida de un prostibulo de puerto?, que ya no es otra cosa que un recuerdo romántico asociado con el Roland  Bar, Los siete espejos, y tanto lugar a los que siempre nos referimos de soslayo, sin enfrentarlos, hablamos de ellos a través de referencias…porque alguien alguna vez nos contó. Lo mismo nos ocurre con tantos temas, los más recientes, la discusión del uso de la píldora, la ley de divorcio… en fin nuestra historia esta llena de ejemplos.

La obra nos muestra esa condición tan obvia del macho chileno, la ambivalencia en la decisión, ahora si que estoy enamorado ¡miechica!… pero parece que no…

Y el regreso al nido donde la madre nos arreglará la vida nuevamente… solo como sabe la vieja.

Aparte del gran talento desplegado en la dirección, en el texto, la actuación y la música ¿será que la Negra Ester identifica nuestra alma?.

Adriano del Pinar.